martes, 20 de noviembre de 2018

Lectomaniática || ¡¡Primer video!! || Breve opinion de "AF: Los Crímenes...







Hey! Saludos lectomaniáticos!

Les dejo el primer video del canal. Espero que sea de su agrado :3





"Que la locura de leer los acompañe siempre".

domingo, 11 de noviembre de 2018

Tatuajes: ¿malos o buenos?

Hola queridísimos lectores maniáticos💕, espero que estén teniendo un día de lo más maravilloso.


Bueno, quería platicarles acerca de una discusión en la que nos hemos embarcado mi familia y yo hace aproximadamente dos horas y es que surgió el tema de la educación (comportamiento) y como un tatuaje te hace automáticamente un bándalo, una persona sin futuro, expectativas, agresivo y en general, un desadaptado social. 

Y como el ser racional que soy me he puesto al brinco a defender a toda aquella persona que haya tomado la decisión de hacerse uno, sea cual sea la razón que lo haya llevado a ello. Como buena minoría, la cosa no ha terminado pero a veces no puedes hacer más que inculcar respeto.

De eso quier hablar hoy, del respeto y de la dignidad. 

Primero la dignidad. 

Esa cosa que nos hace merecedores de respeto, que nos reconoce como personas únicas, especiales, diferentes, irremplazables e irrepetibles. De esa cosa que es un derecho y que quien lo viole merece un castigo.

Luego tenemos al respeto.

Esa cosa que nos hace reconocer a las demás personas como existentes, considerarlas como parte de la sociedad y entender que no tenemos razón o derecho para tratar de modificar sus vidas, pensamiento y comportamientos particulares.

Dejando lo técnico, está bien opinar y externar dichas opiniones; es parte del proceso reflexivo, pero debemos siempre manejar la forma en la que damos a conocer nuestros pensamientos, tratando en la medida de lo posible, no ofender a la otra persona.

Como decía un viejo maestro de mi mamá: Cada quien pinta lo que le gusta. 

Pregunta: ¿se harían un tatuaje? ¿Qué piensan de ellos?

Nos leemos en la sigueinte ^^. 

"Que la locura de leer los acompañe siempre". 

viernes, 2 de noviembre de 2018

[Booktag] Los monstruos vienen 😱

¿Qué tal les va el día de muertos, lectomaniáticos?

Dado de que se acumularon los booktagas he decidido hacer otra entrada similar, justo antes de que terminen las festividades de Halloween. 

Este booktag se lo vi a Nadia del canal "Coleccionista de Historias" (https://youtu.be/qbFw0xdfQRM), me ha parecido muy interesante y me han entrado unas ganas enormes de hacerlo.

Y ahora sí... ¡Empecemos!



VAMPIRO: Un libro que te succionó la vida.


Vaya, hay bastantes de esos, así que me iré por aquel que me tomó muchísimo tiempo concluir y ese es "Te daba por muerto" de Pete Nelson. Es una historia desgarradora y ya les traeré una reseña decente de él, pero recuerdo que se me fue la vida leyendo porque yo sentía el dolor de Paul y como iba leyendo, una parte de mí sabía que más o menos así sería mi vida :'v.

FRANKENSTEIN:
Un libro que tiene un poco de todo.


Para mí, sería "La importancia de llamarse Ernesto", ¿y por qué? Bueno, porque para empezar es una comedia, luego se trata de una obra de teatro, hay drama, hay suspenso, hay intrigra y no miedo pero sí ese sentimiento de pena ajena y de "no quiero estar en sus zapatos" de algunos personajes.


HOMBRE LOBO:
Un libro que cambia durante su desarrollo.


Aquí voy a elegir a una trilogía que aún no acabo pero que a través del tiempo, he decidido que siempre sí la voy a leer porque necesito saber el final :v. Bueno, estoy hablando de "Entrelazados", un libro que me sorprendió muchísimo al inicio y me mantuvo enganchada hasta el final, pero que tuvo tantos caminos que el segundo libro se alejó totalmente de la idea orginal, lo que me dió el bajón y me dije "pues ya no voy a leerlo" y me quedé con el tercero pendiente. Es una historia de cuatro almas encerradas en la cabeza de Aiden, pero hacia la primera mitad seres como los vampiros y las hadas hacen una aparición que literalemente cambia todo. Hasta el objetivo inicial de Aiden.

MOMIA:
Un libro que está desde hace mucho tiempo en tu estantería sin leer.



"La Enciclopedia. Guía no autorizada de las novelas y el mundo de Harry Potter" de Steve Vander Ark. Y es que yo estaba realmente emocionada cuando lo compré. Tenía claro que se trataba de datos y datos y más datos sobre el mundo de Harry Potter y la adquirí porque no hacía mucho había ingresado y colaborado para la creación de un Roleplay (ADT), pero a tan solo un par de semanas de tenerlo en mis manos me salí del rol y pues, se quedó en la estantería :v.

BRUJA:
Un libro que quisieron prohibir y no pudieron.



Creo que no he leído ninguno que entre en esta categoría, así que vamos a modificarlo para un libro que mis familiares no estuvieron de acuerdo con que yo lea, y ese sería, para mi dolor y tristeza, "El chico de las Estrellas", ya que aborda la historia de un chico homosexual. En fin, que quizá les escandalizó un poco la portada, pero admito que les falta saber apreciar la belleza de la vida. Pero con que yo lo haya amado, me basta.




DEMONIO:
Un gusto culposo literario.


Wow, me la ponen algo difícil. Me quedaré con "Adulterio" de Paulo Coelho. Me parece que he leído demasiadas críticas hacia Coelho por ser superficial y creerse un gran filósofo (palabras más, palabras menos), pero yo creo que es un libro que merece la pena. Y aunque no fuera así, lo disfruté muchísimo, más de lo que esperaba.

Y el bonus fue que ese fue disfrutado en audio libro.



EL HOMBRE INVISIBLE: 
Un libro tuyo que desapareció.



Termianos con la consigna que más miedo causa a los lectores, y es por supuesto el no ser capaz de volver a ver uno de sus libros (y que es cosa que ocurre más frecuentemente de lo que parece). En mi caso, tuve el gusto enorme de prestar mi edición de "Hamlet" publicada por Librerías Dante. Una versión hermosa ya que me encuentro coleccionando todos los clásicos. Intercambié el libro con una amiga, "Hamlet" por "El proceso" de Franz Kafka. Disfruté tantísimo a Kafka y devolví el libro... pero mi amiga no había terminado de leer el mío y voy a suponer que hasta ahora no acaba :v. 


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Y aquí se termina este tag. Espero que haya sido de su agrado, y les pregunto: ¿Qué monstruo les asusta más? A mí, definitivamente es el hombre invisible, porque no sabría ni por dónde huir :v.

Muchos saluditos para todos, lectomaniáticos y nos leemos por aquí la siguiente :3


"Que la locura de leer los acompañe siempre".

martes, 30 de octubre de 2018

[Booktag] Halloween is here || #BooktubeDelTerror

¡Saludos lectomaniáticos!


Les habla Sol y es un placer hacer esta primera entrada oficial del blog ^^.

(Por si te lo preguntas, las anteriores fueron dos cuentos de terror para la dinámica #YoEscriboTerror, así que sin pena, prisa o pánico, pásate a leerlas. Te aseguro que te encantarán 😉)

Ahora bien, el booktag que traigo el día de hoy es una mescla como de muchos otros, pero la recopilación la ha hecho Pauli del canal Pauli Coffee (https://youtu.be/QD3E-P3Zddo ). Me ha parecido muy bueno y por eso he decidido someterme a las preguntas. 


Y ahora sí... ¡Empecemos!


Item #1: Libro favorito de terror.





Bueno, la verdad es que casi no he leído libros de terror. Apenas estoy entrando como en ese mundo y sólo tengo referencias a relatos cortos. Si bien Joe Hill me ha súper impresionado con la recopilación de relatos "Fantamas", creo que en esta ocasión voy a escoger al padre (Stephen King) con el cuento "El hombre del traje negro". Recuerdo que fue muy impactante porque lo escuché con una narración impresionante que encontré en Youtube (un enorme aplauso para el vocerón de quien leyó 👏) y se me puso chinita, chinita, la piel. Aún no lo super de todo. Y es que fue al medio día cuando todo pasó :v .





Item #2: Si puedes elegir a un autor para ir de puerta en puerta pidiendo "Truco o Trato", ¿a quién elegirías? 


Wow, sería como que muy loco, pero de los pocos autores que conozco, creo que voy a tener que volver a Joe Hill. Tengo tantas preguntas existenciales sobre su libro que seguramente sería la experiencia más horriblemente escalofriante y frikeante (¿así se dice?) a la que podría someterme. 

Eso, o ir con Cervantes. Quisiera saber lo que pasaba por su mente a la hora de escribir el Quijote. 





Item #3: Portada más terrorífica que hayas visto o que tengas.

Esta. 

Me pone los nervios de punta ._____. 

Y sé que es un cliché, pero vamos, dime que ese payaso no te da miedo. Y es que visto más horribles, pero creo que los traumas del pasado perduran :v .


Item #4: ¿Qué villano no te gustaría encontrarte en un callejón oscuro? 



Freddy Krueger. 

Aunque este sería en un callejón oscuro de mis sueños. 

¿No les pasa que escuchan la cancioncita de "1, 3, 3, 4..." y con la pura tonadita ya les sale el cobarde que vive en su interior? Por que a mí sí. Intenté asustar a mi hermanita con ello y la que terminó con insomnio fui yo :v . 




Item #5: ¿A qué fantasma le pedirías ayuda?



¡Peeves! Estoy segura que si he de pedir ayuda a un fantasma, sería para hacer alguna broma, y vamos, ¿quién mejor que él? Divertido y muy malvado, es la mejor opción, después de los hermanos Weasley, claro. 




Item #6: ¿Qué bruja o mago te ayudaría a hacer una poción para leer más rápido?


Severus Snape. Punto. No hay más. Aunque igual y si consiguiera su libro no sería tan necesario...

* Le explota el caldero en la cara * 


Item #7: ¿A qué personaje te gustaría momificar?




Esta sí me la pone un poco difícil porque el proceso de momificación es horrible y creo que no le deseo eso a nadie. Pero si se tratara de que jamás en la vida volviera a parecer delante de mi, Anastasia Steele (y de paso que se lleve a su señor Grey). 





Item #8: ¿Qué libro te llevarías a la tumba? 


Y por último, tenemos la pregunta más dificil de la vida, porque me acompañará hasta la muerte. 

Empecemos por el hecho de que no tengo los libros que me quisiera llevar (💔), que son toda la Saga de Harry Potter y libros adyacentes. Así que vamos por uno que tiene significado especial porque lo he releído en varias ocasiones  y que me enseñó muchísimas cosas, como que beberse las lágrimas es una forma de sobrellevar el dolor, que puedes ayudar con los medios que tengas, y que si tienes un problema cardiaco, probablemente debes de hacer caso a tu médico :v .

Así es, estoy hablando de "La Mecánica del Corazón" de Mathias Malzieu. No es mi libro favorito, pero como que me gusta andar atravesando por el dolor y siento que es un libro que me viene bien para el otro lado.




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Probablemente me he quedado corta en muchas cosas pero vamos, que ahora mismo tengo que ir a escuchar música alegre para bajarme el miedo :v 

Un abrazote para todos ustedes, con todo mi heart 💗, y por aquí nos leemos la próxima. 



"Que la locura de leer los acompañe siempre". 

viernes, 19 de octubre de 2018

#YoEscriboTerror-Con la mano en la boca


Con la mano en la boca


Con la mano en la boca, conteniendo el vómito, Marcos, el conserje, Pablo, el supervisor, Cecilia, la inspectora, observan la escena, apenas y pueden escuchar la voz cansada y balbuceante, que se apaga en un intento en vano de gritar “socorro”.  Son las seis de la mañana en la granja porcicola 136, Mildred yace en el piso del cuarto de limpieza, desvaneciéndose en una masa amorfa y contoneante de escamas y almizcle. Las serpientes han invadido su cuerpo, entrando por cualquier orificio, profanando su intimidad, llenando sus intestinos, anidando en sus tendones, enrollándose hasta quedar mimetizadas con sus huesos. Empujando, serpenteando por debajo de su piel, curiosas, coloridas, venenosas. Mildred, 23 años, casada, trabajadora del turno nocturno; Mildred, casa de víboras.

Pablo y Marcos, repuestos del impacto inicial, se apresuran a socorrerla, intentan retirar las serpientes que se asoman a través de la boca de Mildred, tomando una a una, la escena es ridícula, pues cada vez que la punta de la cola de una de las serpientes abandona la boca de Mildred, la pequeña cabeza de otra emerge; Pablo y Marcos parecen dos magos patéticos sacando pañuelos infinitos de un sombrero sin fondo, al caer en la cuenta de lo absurdo e inútil de este intento, los dos colegas se rinden.

“Agárrenla de pies y manos y sáquenla de ahí” grita Cecilia, extendiendo su temblorosa mano, incitando a sus compañeros a ejecutar la orden. Pablo y Marcos intentan tomar a Mildred por sus extremidades, el asco que produce el cosquilleo de las serpientes moviéndose por debajo de la piel de la desdichada mujer ocasiona que los colegas suelten las manos de su colega en más de una ocasión.
Mientras llevaban a Mildred a rastras, Pablo y Marcos intentaban no mirar, sin embargo, los espasmos y gruñidos que la mujer lanzaba, ocasionaba que sus colegas desviaran la mirada hacia ella, observando a la grotesca y desdichada imagen, los ojos de Mildred, desorbitados, ensangrentados, mirando desesperadamente a todas partes, de su boca asomaban unas doce pequeñas cabezas de serpientes multicolores, su figura deforme se contorsionaba a capricho de los reptiles que invadían su cuerpo. Mildred, pobre Mildred, ¿cómo pasó esto? ¿Cómo puede ser posible este siniestro espectáculo? Mildred, ¿qué hiciste? Cecilia caminaba apresurada, despejando el camino y no podía acallar todas estas preguntas en su cabeza.

Pobre Cecilia, intentando hallar lógica en esta absurda situación, pobre Marcos, intentando borrar de su mente las veces que miró de reojo las torneadas piernas de Mildred, ahora deformes, hinchadas, palpitantes… pobre Pablo, aterrado, callado, intentando desviar la mirada de todos, intentando no llamar la atención de Cecilia y Marcos, intentando evitar cualquier gesto que lo delate, cualquier signo que demuestre que él sabe, que él vio venir todo esto hace tres semanas, intentando convencerse que él no tuvo nada que ver con esto.

Intentando poner en blanco los recuerdos de esa madrugada en caso de cualquier interrogatorio, hace tres semanas, en la porqueriza 26, cuando se llevaba a cabo un apasionado encuentro entre Pablo y una hembra de descomunales carnes, su desenfreno carnal era apresurado y desesperado ya que esa sería la última noche que pasarían juntos antes de que ella fuera enviada a la  procesadora de carne.  Debido a la distracción del encuentro, Pablo no advirtió los livianos pasos de Mildred, ni su cercanía, Mildred, sigilosa, jadeante de lujuria, observando a los dos amantes con morbosa curiosidad. Fue el flash de la cámara lo que hizo que Pablo volteara estrepitosamente, abandonando a su amante y subiéndose los pantalones de un solo movimiento. Aterrado, contemplaba la burlona sonrisa de Mildred, quien sostenía el teléfono y le miraba pícaramente.

Tres días después, “Vamos don Pablo, que sea mañana” decía Mildred, mientras presurosa tiraba del hombro del acongojado supervisor. “no doña Mildred, ya le dije que el Jueves, Doña Lucy no estará disponible hasta ese día y contrabajo y me concedió veinte minutos” respondió Pablo, cabizbajo y avergonzado. “bueno don Pablo, agradezca que soy paciente, pero si el jueves me vuelve a dar largas, entonces le voy a mandar la foto a Don Antonio” “no sea así doñita” respondió presuroso “no le vaya a decir a nadie, de veras que el Jueves la llevo” “que así sea, jamoncito” y Mildred se alejó con una sonrisa maliciosa.

Mildred ya no puede reír, ahora, sus labios deformes, hinchados y morados, ensangrentados, con el labial embarrado en todo alrededor, dibujando una expresión bufonesca, Pablo observa, aterrado, la mira retorcerse en el piso de la oficina de Cecilia, incapaz de controlar sus miembros, Pablo siente lástima pero también cierto alivio, Mildred ya no le dirá a nadie, ya no se burlará de él ni de su peculiar apetito, ya no abrirá su asquerosa boca, ya no vociferará como lo hizo ese jueves en casa de Doña Lucy.

Sentada ahí, en esa banca de madera vieja y tejida con mimbre, bebiendo su té de jengibre, sonriendo y azotando la lengua con desvergonzada familiaridad, colmando la paciencia de doña Lucy con cada palabra, tentando su suerte. Todo habría estado bien sino hubiera tomado la fingida amabilidad de doña Lucy con tanta confianza, si se hubiera callado, sino hubiera delatado a Pablo, sino hubiera contado con tanta jocosidad los detalles de haber descubierto infraganti los extraños hábitos de Pablo “así que pablo se divierte en el trabajo” dijo Doña Lucy “¿Qué tiene eso de malo?” “hay Doña Lucy, de un hombre que haga eso, solo se puede esperar que termine encamándose con la puerca de su madre” y sonreía mientras llevaba a la boca su vaso de té de jengibre.

Pablo, arrinconado, escuchaba la conversación, recordando ese primer día en la milpa de su abuelo, “pablo, tienes que aprender a ser hombre, ya tienes diecisiete años y no has probado mujer, se entiende por que eres feo, pero al menos debes practicar para cuando llegue ese día, para que ninguna desgraciada se burle de ti y como no tengo dinero para llevarte con ninguna mujer de las que hay en el pueblo, pues desquítate con la puerca”.

La puerca, las puercas, todas las puercas que han conocido a Pablo, todas las que faltan, no… si Mildred continua hablando ninguna más, “maldita Mildred, maldita seas tú y tu enorme boca, maldita víbora…” Pablo recuerda muy bien esas palabras, pero nunca las dijo, ni siquiera se atrevía a reconocer que las había pensado. Sus manos sudaban frío, sus latidos acelerados, el estómago revuelto, ese molesto escalofrío intermitente en la nuca; ya no se debían a la profana escena delante de él, era al recordar esto que su corazón se congelaba. Recordaba que él nunca dijo nada de esto, él solo lo pensó, sólo fue un pensamiento y ahora se manifestaba delante de sus ojos, “Mildred, maldita Mildred y su enorme boca llena de veneno, maldito nido de víboras.”

“¡Pablo, reacciona! Reacciona carajo” las palabras de Marcos sacaron a Pablo de sus pensamientos, “¡agárrala antes de que se lastime más… agarra sus manos!” Mildred, movida por la desesperación se había rasgado la piel del abdomen, piernas y cara; los espasmos musculares la dotaban de fuerza extraordinaria, arrancando fácilmente grandes y gruesos trozos de piel, dejando heridas profundas, por las que se asomaban los enredados y viscosos cuerpos de cientos de serpientes. Mildred se estaba despellejando hasta los huesos y Pablo luchaba por detenerla. Llorando, temblando, rogando al cielo o a cualquiera que lo estuviera escuchando que esta locura parara. Pablo pedía misericordia, pero no para Mildred, sino para él mismo.

Cecilia no estaba, había salido a recibir a los paramédicos, por eso cuando Marcos escuchó los golpes en la puerta no dudo en levantarse de inmediato a abrir, soltó un grito afeminado y agudo y se alejó de un brinco de la puerta al ver el mar de víboras que ingresaron desesperadas a la oficina, casi trescientas serpientes unidas en masa, un rio creciente, colorido, verde, amarilla, roja, azul… todas avanzando en manada, dirigiéndose hacia la pobre Mildred, entrando bruscamente por cada una de sus heridas nuevas, avanzando y empujando dentro de su deformado cuerpo.

Marcos, repuesto del miedo, se abalanza desesperadamente sobre las víboras golpeándolas aplastándolas con los pies, con las sillas de la oficina, pero los animales no cedían, sucumbían bajo los pies de Marcos, sus pequeñas cabezas reventaban, pero al instante se restauraban y continuaban con su infernal avance; empujando, avanzando, incesantes, desbordantes, rasgando tendones y piel, rompiendo huesos, órganos, tensando y desgarrando la piel de la infortunada mujer, Pablo no reaccionaba, observaba a Mildred hincharse cada vez más y más, deformándose al punto de parecer un globo lleno de agua, Marcos, gritando, se tapa los ojos, suplica y suplica, Pablo contempla ese costal humano lleno de serpientes, que se estira cada vez más y más… hasta que un ruido húmedo pone fin al espectáculo.

Marcos observaba desconsolado la escena, sentado, jadeante, con la garganta adolorida de tanto gritar, susurra “déjala Pablo… déjala ya… sólo la estás esparciendo más” Pablo, insistía en sostener las manos de Mildred, pero eran solo pellejo envolviendo una masa serpenteante, llorando, tragándose los mocos y la saliva, Pablo insistía, Mildred solo gruñía, pero era un gruñido ocasionado por el aire en sus pulmones empujado a través de su garganta por el movimiento de decenas de viboritas que se alejaban satisfechas… La vida en Mildred se había apagado, su cuerpo había reventado. Sus órganos regados en pedazos, su rostro estirado, asentado sobre su cráneo, reflejaba una expresión bufonesca y terrible, las cuencas de sus ojos vacías.

Pablo soltó las tiras de piel que sostenía, se llevó las manos a los ojos, se limpió las lágrimas y luego los mocos, no se daba cuenta que con esto se manchaba el rostro de sangre. Miró a Marcos, este se encontraba exhausto, despeinado, mirando hacia la nada. Tomó una de las sillas que estaban tiradas en el piso de la oficina y se sentó a esperar a Cecilia y a los paramédicos. “Mildred está muerta por mi culpa” pensaba cabizbajo “¿Valió la pena Mildred? ¿Viste tu petición concedida? ¿Acaso viste a ese pobre infeliz caerse a pedazos? Claro que sí, Doña Lucy nunca falla, ella siempre cumple, sin importar quien, sin importar como, doña Lucy no dejaba ningún encargo sin atender, ella siempre sabe usar la manera más efectiva”.

Mirando la grotesca escena un escalofrío se apoderó de la columna de Pablo, en ese momento recobró la conciencia de lo que había venido pensando, toda la agitación lo había distraído de lo que verdaderamente importaba.  “si tan sólo… si tan sólo no hubiera pensado…” Sus lágrimas cayeron, un terror descomunal le invadió el cuerpo, él jamás habló, casi nunca lo hacía, pasaba sus días en su casa y en el trabajo prácticamente sin pronunciar palabra alguna, aun así, desde pequeño,  esto parecía no ser necesario, recibiendo coscorrones por groserías no dichas, siendo atendido de malestares jamás pronunciados, ella siempre supo, ella siempre sabía, él no necesitaba hablar, Doña Lucy debía de ser la mejor madre del mundo, siempre sabía lo que su pequeño pensaba, los dolores de barriga, su dificultad para aprender a leer, sus conflictos de autoestima, su necesidad por probar mujer, su consuelo con las puercas… su deseo de ver a Mildred pagar por la humillación. Doña Lucy, la bruja del pueblo. La madre de pablo. Ella siempre sabía lo que su pequeño quería, “gracias doña Lucy…” pensó Pablo, mientras una sonrisa distorsionada le adornaba el rostro  “gracias por cuidarme, gracias por procurarme lo mejor, gracias… Doña Lucy, te amo”.



Francisco Ivan Canul Chan.

#YoEscriboTerror-Mariposa de plástico





Mariposa de Plástico





Llegué a su departamento lo más rápido que pude. Mis piernas temblaban y sentía que casi no podrían sostener mi propio cuerpo. Me había comunicado con su madre una vez había salido del hospital. No supo darme razón. Me dijo que su hija se había alejado totalmente después de su procedimiento quirúrgico. Se encerró en su lugar y no dejó entrar a nadie. Sin contacto con el mundo por cerca de seis meses.

.....................

Ella jamás había sido feliz con su apariencia, lo sabía muy bien. Pero el día que decidió hacerse la primera cirugía, yo estaba sorprendida. Era algo de lo que no la creí capaz.

            ¾     ¿Estás cien por ciento segura?
            ¾     ¡Claro que sí! He esperado por esto toda mi vida. Dame una buena razón para no hacerlo.
           ¾     Eres alérgica a cerca de diez medicamentos y nunca has recibido anestesia general. Y mucho menos por tanto tiempo.
          ¾     Ya, así está bien. Te dije una razón, no tres. —Me miró con una mueca y desvío la mirada hacia la puerta cerrada de la habitación de hospital —. Necesito esto. Siento que si no lo hago no podré seguir viviendo. Para ti puede no tener sentido, pero para mí, es el último bote salvavidas. Sé que entiendes mi situación.
             ¾     Lo hago.

La abracé con todas mis fuerzas. ¿Qué otra cosa podía hacer? La entendía mejor que nadie. Cuando necesitas hacer algo para sobrevivir, tienes que hacerlo, y aunque un procedimiento quirúrgico estético no la libraría de las malas lenguas, la harían más segura de sí.
Al menos esa era mi esperanza.

La operación duró cerca de doce horas. Yo creí que serían mucho menos, pero parece que no se trataba de “una simple rinoplastia” ni “una sencilla cirugía de doble párpado”.
América tenía una obsesión con los asiáticos. Decía que eran hermosos en su perfección: narices finas, ojos grandes, cara redonda, el cabello liso y los labios carnosos. Más de una vez le dije que sus amados idols eran 100% producto de la mercadotecnia… pero nunca quiso escuchar.
La rehabilitación fue rápida. En menos de dos meses ya estábamos visitando nuestros lugares favoritos: el café de doña Imelda, la pastelería de Sara, el cine frente a la casa de América. Éramos otra vez, ella y yo. Mejores amigas. Siempre juntas.

Bueno, ella, yo y la docena de chicos que ahora se peleaban por invitarla a salir.

Todo iba de maravilla por primera vez. América se encontraba feliz, se tomaba muchas fotografías, salía con casi todos los chicos que la invitaban a salir, se hizo de muchos más amigos, se convirtió en alguien mucho más sociable, menos retraída y encerrada en ella misma. A nadie parecía importarle que se hubiera hecho una cirugía plástica. O al menos no lo mencionaban delante de su persona. Todo era miel sobre hojuelas.

El problema se presentó algunos meses después, cuando decidió que aún no era lo suficientemente bonita.


Ante la puerta, las manos se volvieron torpes. Tratar de buscar en mi bolsa la copia de emergencia fue una espera interminable. Me sudaban las manos, la frente, hasta los malditos codos. Temía, temía, pero no estaba segura de la razón. América me importaba demasiado y aun así la había abandonado. Tuve que vaciar el bolso completo sobre el piso y recoger de una a una cada cosa esparcida hasta finalmente dar con la solitaria llave. Ahora dependía de que ella no hubiera decido cambiar las chapas. Inserté la llave con tanta dificultad como si en lugar de dedos tuviera muñones al final de las manos. La llave giró.
......................

¾     ¡¿Qué harás qué cosa?! -grité exaltada.
¾     Ana, por Yisus, es sólo una cirugía.
¾     No, es otra cirugía. ¡Acabas de salir de una! No puedes simplemente someterte a otra.
¾     Puedo hacerlo. El doctor Rodríguez ya me ha valorado. Dice que todo está en orden.
¾    América, ya eres hermosa con lo que te has hecho. Mira a todos esos hombres que mueren por una oportunidad contigo.
¾     No es suficiente.

Se sometió a la cirugía y se agrandó los ojos, respingó nuevamente su nariz y se aplanó la frente. La recuperación duró más tiempo, pero no lo suficiente. Junto a la cirugía, inició un régimen de alimentación especial. Cuando terminó el tiempo de reposo inició una rutina de gimnasio tan estricta que me fue imposible seguir.

Un sudor frío me recorrió el cuerpo al dar dos pasos dentro de la penumbra del departamento. Lo conocía lo suficientemente bien como para andar en la oscuridad, así que me apresuré a correr en dirección a la habitación. En mi camino choqué con algo y ese algo cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos. Me quede un minuto inmóvil, incapaz de poder provocar siquiera un sonido. Incluso podría jurar que había dejado de respirar. Una tenue luz refulgió en la habitación que era mi destino; junto a ella, un tarareo que conocía demasiado bien. Era “Para Eliza” del gran Beethoven. Amábamos esa canción. La tarareábamos cuando nos sentíamos felices. Me animé a avanzar.

                   ¾     A…Ame… ¿estás ahí?
.....................

Me distancié después de que anunciara que se haría una tercera intervención. Sobre todo, porque había perdido bastante peso y la masa muscular aún no se manifestaba en su cuerpo. Yo veía cómo se destruía y era doloroso no ser capaz de hacer nada para ayudarla.

                   ¾     ¿Esta vez no me dirás nada?
                   ¾     ¿Te haré cambiar de opinión?
                   ¾     Eso quiere decir que no me apoyas.
                   ¾     No América, no puedo apoyarte en esto. Te estás destruyendo.
                   ¾     No Ana. No lo entiendes. Esta es mi crisálida. De aquí emergerá una bella mariposa.                            Seré hermosa. Perfecta.
                   ¾     Lo eras antes de todo esto.
                   ¾     No sabes cuánto lamento que no lo entiendas.


Se hizo la cirugía para tener un rostro en forma de corazón.  Su mandíbula fue partida en tres partes, retiraron la de en medio y unieron las otras dos para formar el pico en V al final de la cara. No podría comer nada sólido por al menos seis meses.

Continuó con el ejercicio. Al menos eso es lo que me comentó su instructora hacía dos semanas. “Se ve… extraña. Hace dos meses dejó de venir y ayer se presentó algo… diferente. Tenía los pómulos hinchados y las cejas extrañamente levantadas. Le pregunté si se encontraba bien, pero se limitó a asentir”.

La madre de América fue a buscarme dos meses después. Me contó que su hija se había hecho nuevos “arreglos” en la cara, además de algunos procedimientos químicos en la piel para aclararla. Se le había metido en la cabeza la idea de lucir como un idol asiático en toda la extensión de la palabra. Su madre había intentado de todo para disuadirla, pero nada había resultado hasta el momento. Desgraciadamente América y yo habíamos perdido ya todo contacto y dudaba enormemente que fuera querer verme.

Aun así, lo intenté.


El tarareo continúo con delicadeza, como ella solía cantar siempre. Lo hacía precioso y diez veces mejor que yo. Me relajaba poder escucharla y solía ser capaz de dejar ir cualquier rastro de agobio restante. En esta ocasión y, por el contrario, el tarareo me produjo malestar en el estómago. Me acerqué con sigilo hacia la puerta de la habitación y empujé la puerta semi abierta para dejarme paso.

                ¾     ¿Ame? Soy Ana…

..............


Dejé un mensaje en su contestadora, le envié uno de texto a su teléfono y otros más en todas su redes sociales. No obtuve respuesta. Así por al menos tres meses.

El destino entonces decidió hacerme una jugada extraña. Quizá era el karma manifestándose en mi vida por haberme quedado de brazos cruzados ante las adversidades que enfrentaba mi mejor amiga. Por haberme dedicado a ser una espectadora más del montón.

Aquel día fui al hospital por la cita regular con el odontólogo. Los frenillos me estaban volviendo loca y había decidido dejar el tratamiento inconcluso. Total, ni siquiera era una mejora significativa. La cita fue bastante normal y cotidiana; el dentista me recomendó esperar los seis meses restantes. Llamó al dolor “un mal necesario”.
                 ¾    Por cierto, ¿cómo le va a tu amiga con el reposo? El doctor Rodríguez me comentó sobre su última intervención. Una decisión muy valiente y arriesgada, debo decir, aunque no sé si                  inteligente.
                 ¾    ¿Dis-disculpe…? —sabía exactamente de quién hablaba, pero necesitaba la confirmación.
                ¾   América Escobar. ¿Qué no es amiga suya? Recuerdo haberlas visto juntas en este hospital, en más de una ocasión.
                 ¾   Sí…sí. Es solo que… hace un tiempo que no sé de ella.
                 ¾   Entonces quizá deberías visitarla. El aumento de estatura no es un procedimiento sencillo, ni rápido, ni libre de dolor. Deberá estar en cama hasta su recuperación total, lo cual puede llevar años.



De la penumbra emergió una figura, iluminada apenas por el resplandor de una vela. No puedo negar que estaba asustada y que un escalofrío me recorrió la espalda al escuchar el timbre de su voz respondiendo.

                 ¾     Anita… —cantó con dulzura esa tan familiar y escalofriante voz — has venido a verme... soy tan feliz.

Una esquelética figura se acercó a mí. Parecía una momia, un muerto viviente, una mariposa enredada entre las sedas de su crisálida rompiéndose antes de tiempo. Era horrible. Tuve tanto temor que estiré la mano para encender la luz y la bombilla resplandeció con decisión en aquella habitación, iluminando todo. Mostrando cada parte del lugar donde la mariposa había construido su refugio.

                ¾ ¿Puedes decirme por qué tardaste tanto en venir? Te estuve esperando por meses. Incluso  cuando me enjaularon. Prometiste llegar a tiempo, pero nunca apareciste. ¿Es porque aún no salgo de la crisálida? Creí que me acompañarías en el proceso. Eso es lo que habías dicho.

Cuando la luz se hizo en aquella caja pude entender la razón de que, en un inicio, se mantuviera todo en las sombras. El cuerpo frente a mí era tan delgado que parecía quebrarse con cada fino movimiento. Parecía que un hilo en la parte de arriba era lo que la sostenía. Estaba tan delgada. El rostro en forma de corazón se veía marchito, cansado. Ciertas póstulas que asemejaban al herpes o a la lepra adornaban los redondos pómulos. La nariz era tan fina, que casi podría pasar desapercibida en medio de esos enormes ojos rojos y lagañosos, acentuados por unas cejas que expresaban sorpresa constante. La sonrisa que se dibujó en los hinchados labios seguía siendo perfecta, pero había cambiado de color. El espectro dio dos pasos en mi dirección y pude notar las jaulas en las piernas, prisioneras y llenas de barrotes, se movían despacio para no tocarse entre ellas. Podía sentir el peso de las rejillas como si fueran yunques en los míos. Lo cierto era, que el espectro lucía más alto, por al menos cinco centímetros.

               ¾     A… Am… Ame… América… ¿qqq-qué es lo que te has hecho?

La alegría que parecía destilar el espectro se apagó de repente. De pronto, las vueltas que había comenzado a dar justo después de terminar su diatriba se apagaron. Eran lentas y cuidadas, pero acabaron como si de un trueno y un relámpago se trataran. Me miró con ojos vacíos y luego se permearon de dos cosas contradictorias: duda y reclamo.

                ¾     ¿Qué… me he… hecho? ¿Yo? ¿Hablas de que yo me hice… esto?
                ¾     ¿Quién más podría haberlo hecho?
                ¾     Fuiste tú.

No podía creer lo que escuchaba. Ahora me estaba culpando de todo lo que le estaba sucediendo. ¿Cómo podría yo ser la responsable?

                ¾     Porque tú me obligaste a iniciar esto.

Ahora se estaba metiendo en mis pensamientos. No podía permitir eso. Debía salir y conseguir ayuda para mi amiga. Quizá hubiera algo que aún pudiéramos hacer por su…

               ¾     Cuerpo destrozado. Un cuerpo destrozado. Es eso lo que obtuve de ti. Al inicio creí que realmente pensabas en mi bien, pero cuando me di cuenta de que se trataba de un truco, era demasiado tarde. Ya estaba aquí, encerrada entre cuatro paredes y sin poder moverme por mi misma. ¿Acaso ya te olvidaste de cuando me sugeriste que quizá debería hacerme una cirugía plástica para no tener que vivir con esa “monstruosa cara” más tiempo? Todo esto inició por ti. Ahora veo que querías deshacerte de mí.

Mi cabeza dio vueltas. ¿Cómo podía estar diciendo esas cosas América cuando me opuse totalmente a que se hiciera más procedimientos? Intenté detenerla porque sabía que esto pasaría, pero no me escuchó. Mi único pecado fue alejarme cuando decidió continuar con su locura. Mi pecado fue no estar con ella, al menos como apoyo.

“Y funcionó. Dejarla sola después de las cirugías es lo que la hizo débil. Mírala, está peor que un fantasma. Es un muerto viviente. Nadie jamás se fijará en ella. Serás la más bonita. Sólo nos falta un paso para salir de la crisálida. Estaremos bien. Seremos hermosas y perfectas mientras esa ingenua se pudre en ese cuerpo decadente”.

Esa voz… la había escuchado antes. Solía acallarla con el tarareo de América. Cuando pasaba, ella me abrazaba y cantaba para mí. Luego ambas cantábamos juntas y me sentía feliz.

                 ¾     ¡¿De qué diablos estás hablando América?! ¡Yo traté de detenerte más de una vez!
                 ¾     ¿Hasta cuándo seguirás regando esa versión? ¿A caso ya te la has creído?

“Sólo niégalo. Todos te creerán. Lo único que hemos hecho es usar frenillos. En cambio, ella se ha destruido el rostro. Si te animas, podemos acabar con esto rápidamente. Te creerán cuando digas que fue un accidente”.

                 ¾    Primero me convenciste de que, con un pequeño arreglo, mi cara sería igual que la de un ángel. Que sería preciosa y podría conquistar al chico que quisiera. Que era un procedimiento de rutina y el amigo de tu primo lo haría a menor costo para mí. Me tomó un tiempo tomar la decisión de cambiar mi nariz y sugeriste que el doble párpado de mis idols me quedaría bien. Admito que tuviste razón. Mi nueva yo era más feliz. Pero entonces insististe…

“Oh, recuerdo eso. Épico. Diste tantas razones para convencerla. La hiciste sentir tan pequeña que tomó la salida simple: hacerte caso. Tu sabías lo que era la belleza. Ella por el contrario siempre había sido el patito feo. Si supiera que eso también era mentira. Hacerle creer que las demás personas le miraban por esa nariz ancha fue lo mejor. Sobre todo, porque a ella le quedaba bien. Pero te ha seguido siempre. Fue tan sencillo convencerla con el «me pondré los frenillos para hacerte compañía en el dolor». Repito, fue épico”.

La cabeza me seguía doliendo y las punzadas se intensificaban cuando aquella voz confirmaba las palabras de América. ¿Qué estaba pasando?

                  ¾     “Agrandar los ojos, perfilar la nariz y aplanar la frente no es nada”. Me convenciste de  que ya estaba en esto, que sería mucho más fácil hacerlo ahora que el amigo de tu primo estaba dispuesto. Dijiste que cuando terminaran todos los procedimientos, sería una nueva y mejorada versión de mí. También dijiste que estarías a mi lado todo el tiempo. Que incluso te harías algo a ti misma para que ambas pasáramos por lo mismo. Entonces te pusiste los estúpidos frenillos. No los necesitabas realmente, pero fue por eso mismo que accedí: estarías conmigo.
                  ¾     No es verdad… ¡Eso no puede ser verdad!
                 ¾     Cuando acabó la cirugía estuviste conmigo, pero sólo para mencionar los otros errores    de mi cuerpo: debía bajar de peso y hacer ejercicio para tonificar. Era chaparra y nadie quería a un minion como novia. Habías traído imágenes de las nuevas tendencias del kpop. ¡Esas pieles tan lindas! Cinturas delgadas, ojos enormes, delineados perfectos, pieles blancas, cejas pobladas, pómulos redondos, esas caras pequeñas, redondeadas, pero con esa forma en corazón tan linda. Recuerdo que suspiraste mientras aún estábamos en la habitación de hospital, “Ah, seguro que te quedaría precioso algo así. Aunque claro, sería después, ya que necesitas un poquito de reposo antes de eso”. Fui tan tonta que me puse a dieta tan pronto dejé el hospital. Te inscribiste al gimnasio conmigo cuando al fin pude ir, pero luego lo dejaste. Confié en que sería la carga de tu trabajo lo que no te permitía ir conmigo.

“¿Recuerdas que fue el tiempo cuando saliste con ese chico? Una relación corta, pero antes de ello él había salido con América. Nos dijo tanto sobre su apariencia. Ahora le parecía repulsiva, con tantas cosas que se hizo. Se veía rara en el gimnasio. ¿Recuerdas que lo mismo dijo la instructora? Ya había comenzada a destruirse sin ayuda. ¡Ja!, lo hiciste bien”.

Esa voz me estaba desquiciando… no podía apagarla y me lastimaba enormemente el que confirmara todas las atrocidades que América decía. Eso no era posible… ¡Esa no era yo! No podía ser… no podía ser así… no…

               ¾     Y entonces, cuando creí que no te vería pronto, apareciste en el hospital. Justo el día programado para la cirugía. Me puse realmente feliz cuando te vi llegar. En ese momento ya había comenzado a dudar sobre qué tan buena era la idea de operar mi rostro. Pensaba en que me iban a partir los huesos. Gritaste y argumentaste para que me hiciera la operación. Realmente me convenciste de que debería hacerlo. No puedo decir que me obligaste, pero de alguna manera quería complacerte. No habías tenido ni un solo ataque desde que inicié con la transformación y me hacía bien verte contenta. Yo creí que por mí.
              ¾     ¿A…ataque?
             ¾     “Ya falta poco para salir de tu crisálida, ¿no lo ves? ¡Todo está casi listo! Serás hermosa y  perfecta. Serás tú. Una bella y radiante mariposa”. Cometí el error de creerte. Me envolví en tus mentiras y luego simplemente desapareciste. Ni siquiera mi madre pudo dar contigo. Ella que me suplicaba que no hiciera más cosas a mi misma.

“Eso fue cosa fácil. Sólo tuvimos que decirle a esa tonta mujer que su hija estaría bien. Que en cuanto te desocuparas de tanto trabajo irías verla. Incluso te dio llave de su departamento y confió en ti cuando le dijiste que te quedarías al pendiente mientras ella se iba de viaje de negocios. Te creyó porque le informabas cada vez cómo evolucionaba su hija. Si supiera que jamás volviste a verla…”.

Tragué con fuerza. Recordé, por tan sólo una fracción de segundo, la silueta de la madre de América frente a mi departamento, pidiendo que estuviera con ella. El sonido de una llamada fugaz donde mi voz decía que América estaba mejorando. Y entonces recordé porqué había venido al departamento. Mi odontólogo me había sugerido venir. Lo había hecho porque necesitaba comprobar que América estaba bien.

“Necesitábamos saber si seguía con vida. Mi pronóstico era que estaría al borde de la muerte y que sólo tendríamos que informar que su cuerpo inerte fue encontrado sobre su cama. Pero parece que tiene más fuerza de voluntad. ¿Qué te parece si acabamos ya con esto? Te repito, haré que todo parezca un accidente.

                   ¾     América yo… no puedo creer lo que estás diciendo.
                   ¾     Quizá Anita no pueda creerlo, pero Amelie seguramente sí. Estás hablando con ella, ¿no? ¿o acaso es ella la que ahora tiene el control?
                   ¾     Así es niña. Anita tiene una pequeña siesta justo ahora.
                   ¾     ¿Entonces, ya vas a terminar conmigo?
                  ¾     Debiste seguir tarareando. Así Anita te hubiera creído. Eres el último paso para que al fin salga de la crisálida. Si desapareces, Ana también.
                   ¾     Ana te vencerá. No te tengo miedo.
                   ¾     Entonces, ¿por qué retrocedes? Ese pequeño cuchillo que tienes en la mano no te servirá de nada. Lo haré rápido, en honor a todo el cariño que Anita sentía por ti.


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